AMARU - Noticia publicada en el editorial de Diario el Mercurio Cuenca

AMARU - Noticia publicada en el editorial de Diario el Mercurio Cuenca

2016-06-02

Autor: Mario Jaramillo Paredes

Al terminar el recorrido por el Zoológico Amaru, ubicado a corta distancia de Cuenca, los visitantes recibimos un mensaje directo y desgarrador a través de un cartel en donde se relata en pocas palabras las desventuras de algunos animales, que hoy rescatados, tienen una nueva vida: Taisha el puma que hoy se encuentra en la parte baja del zoológico, estuvo antes de ser liberado, encadenado por un año a un árbol. Elandris, águila pechinegra, fue rescatada de un corral de gallos de pelea en donde le tenían encerrada. Pancha, un mono capuchino, se encontraba encadenada y era mantenida junto a unos perros. Otro habitante de este bioparque: Junior, es un tigrillo que estuvo encerrado por dos años. Coya, una osa andina, sobrevivía encerrada en un cuarto de de dos por dos metros cuadrados. De subsistir la Ley del Talión, que mandaba cobrar ojo por ojo y diente por diente, quienes así procedieron con estos animales, serían castigados de idéntica manera.

Amaru no es un zoológico del estereotipo que muchas personas tienen sobre estos lugares. Es mucho más que un conjunto de animales, puestos en un escenario natural para ser mostrados a la gente que acude. No es tampoco el montaje de un espectáculo al estilo Disney, para llamar la atención. Es un espacio de estudio, de rescate de animales, para luego algunos de ellos ser reinsertados en sus hábitats naturales. Pero, mientras se recuperan viven allí bien atendidos y sobre todo queridos y cuidados por un equipo de gente que sabe lo que hace y que sobre todo hace con mucho amor lo que le gusta. Algunos de esos animales -como ocho impresionantes leones africanos- no podrán ser devueltos a sus lugares de origen, pero aquí vivirán con dignidad y sin ser maltratados. Porque los animales tienen dignidad y necesitan ser tratados con respeto.

Otros tampoco volverán a sus paisajes naturales. Como un cóndor que recibió un disparo en sus alas y que nunca podrá volver a volar majestuosamente por grandes distancias, como acostumbran éstas que son las más grandes aves voladoras del mundo. Hoy quedan pocas en el Ecuador y así y todo todavía hay gente -por llamarlas de alguna manera- que persiguen y cazan a estos seres casi míticos que están en proceso de extinción. No sería venturado decir que de no haber cambios sustanciales y aportes firmes para conservarlos, nosotros y quizá una dos generaciones más, seremos los últimos seres humanos que vemos cóndores.

Una sucesión muy bien lograda de osos andinos de anteojos, tigrillos, cuchicheos, venados, lobos de páramo, pumas y muchas otras especies, van surgiendo de entre chaparros, montes y un paisaje natural encantador que puede ser recorrido en una o dos horas dependiendo de la resistencia de cada visitante.

Una buena forma de conmemorar el Día Mundial del Ambiente el próximo domingo 5 de junio es visitando el Zoológico Amaru en Cuenca y recorriendo parte de sus seis o siete hectáreas que nos trasladan, a pocos minutos de la ciudad, a un mundo que lucha por quedarse. Y, a personas que trabajan denodadamente para que aprendamos a respetar a la naturaleza, particularmente a denunciar y luchar contra el tráfico ilegal de la vida silvestre.

La publicación web de la noticia original se encuentra en el siguiente liink: https://www.elmercurio.com.ec/531404-amaru/#.V1T9d5PhD-Z